Sabrina Salemi: Lo más sexy de la pantalla

Ahí donde usted la ve es empresaria, abogada y está a poco de graduarse en Comunicación Social. Fuera de la pantalla y de los focos de las cámaras, anda por la vida con su cara muy lavada y un estilo que no se parece a lo que muestra. Pero a la hora de la verdad, asume con todo el papel que se ha hecho para sí misma: el de un mujerón que muestra sin pudores lo que la naturaleza le obsequió



“Nunca he sido la mujer sexy” dice y esperas que le crezca la nariz por tamaña mentira. “Bueno, a lo mejor sí”, concede. En realidad quiere decir otra cosa, pero parece que no le sale. Hasta que va encontrando la forma de expresar su idea: “Yo llego al canal de jeans y franelilla. No es la misma Sabrina la que entra al canal y la que sale en pantalla”. Y ya sin rodeos lo suelta: “Sí soy una bomba sexy, pero de la televisión”.

Y ella, toda curvas, toda tamaño, toda pecas, no se está ufanando. Quiere que el asunto quede muy claro: “Lo que hago en televisión es un papel. Es el personaje de una mamacita. Pero es otro estilo, yo no soy así. No soy una mamacita sexy sino una mamá, con la pañalera, con las toallitas húmedas y corriendo como loca detrás de mi hija. Pero sí, me gusta el personaje”.

Y es así. En efecto, más de una vez debe saltar como disparada del asiento para atajar a Giulia, su nena de año y medio que quiere corretear entre las mesas y que por suerte aún no encuentra como llegar a la escalera mecánica del centro comercial.

Con todo, la “mamacita” de la televisión sale a relucir. El mesonero finalmente vence el pudor y le pregunta: “¿Tú eres la que sale en A que te ríes?”. Cuando le dice que sí, el joven se anima a más: “Desde hace rato me estoy preguntando, ¿será o no será? No te debes acordar de mi, pero el otro día te vi en el Sambil, tu andabas con un mono rosado y una camisita blanca… oye para que me regales una foto…”.

Que el mesonero recuerde hasta como iba vestida debería activar alguna alarma, disparar algún temor de acoso o cuando menos hacerle sentir demasiado observada por este desconocido. Pero no. Está acostumbrada. Después de todo hace ya algún tiempo que anda en esto, que asumió el papel.

Todo comenzó a los 17 años. En el Atelier Laufra, en La Guaira, un peluquero le puso el ojo: “Niña, tienes el tamaño, eres flaca, tienes el cuerpo”. El estilista la contactó con la gente de calzados Lucci y con ellos hizo el casting para el Miss Venezuela. Así de fácil entró al concurso en 2002 con la banda de Miss Dependencias Federales: “Le dieron la de Vargas a una sobrina de Hilda Abrahamz”.

Pese a los rigores del concurso, no tuvo que hacer mayor esfuerzo: “Nunca he hecho ejercicios con regularidad. En ese momento lo tenía todo: 17 años, 57 centímetros de cintura, 90 de busto y 90 de caderas”. Una década más tarde sigue sin ser esclava del gimnasio y casi con las mismas medidas: “Debo tener 94 de busto porque me operé. De cintura estoy en 61 y las caderas las tengo igual, 90. Lo del físico es herencia. Lo que sí hago es comer muy sano”. Aunque debo confesar que me hago unos cariñitos con el Dr: Lino Linares y con la esteticista Jhosa Cordero, de vez en cuando.

De allí salió con el premio al “Rostro Ebel” directo a hacer desfiles para Casablanca Internacional que incluyeron algunas caminatas por la pasarela en ropa íntima. Y sin mayor trámite entró a Venevisión como una de las misses que rodeaban al afortunado Guillermo González en La gran boloña. Una año más tarde ya estaba en Cásate y verás: “Era un programa cómico parecido a A que te ríes, pero más picante. Duró tres años, hasta que lo censuraron y tuvieron que sacarlo del aire”.

Eso la llevó a Noche de comedia –“ahí sí actuaba, tenía parodias completas siendo protagonista”- el espacio que en unos meses derivó hacia lo que hoy es A que te ríes: “Arranqué y al año quedé embarazada”. La larga temporada que estuvo fuera del programa y de las aulas de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Santa María la invirtió bien: “Hice un curso en La Casserole Du Chef para aprender técnicas porque ya cocinaba desde antes. Me encanta la comida italiana, la amo”.

Regresó a la pantalla en 2011, con pequeñas apariciones porque ya los papeles estaban repartidos entre el elenco y rápidamente se ganó su espacio junto a Américo Navarro en su papel de chulo amarreta al que todo le parece “cariiito vale, cariiiito”. La nueva temporada del espacio de humor del canal está por comenzar pero Sabrina no puede adelantar contenidos: “Es una sorpresa”.

Y otras más vendrán en teatro, con un montaje en la misma clave de comedia, un territorio en el que se siente a gusto y en el que quiere permanecer porque no le atrae el mundo de las telenovelas: “Estamos preparando un show cómico de puras mujeres en el que nos metemos con los hombres”. Y otra más en comerciales: “Firmé un contrato para ser imagen de Calzados Sifrina’s”. Su segunda incursión en el cine también está en curso: “Actué en la película del Conde del Guácharo haciendo el papel de una espía que lo quería asesinar. Y tendré un papel en su nueva película, El Conde Bond 007”.

En medio de todo esto, Sabrina, abogado egresada de la Santa María, también desarrolla otra faceta poco conocida: la de empresaria. Es la patrona en una empresa de servicios que opera en el aeropuerto internacional de Maiquetía: “Se llama Sabrikrst, la fundé a los 18 años. Se encarga de atender a pasajeros menores, de la tercera edad y con requerimientos especiales. Tengo 50 empleados que me llevan loca, pero igual los quiero mucho”.

-¿Y haces algo más?
- ¿Aparte de cocinar? No. ¡En qué tiempo!

Por Oscar Medina

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